CARLOS GARDEL, LA VOZ DEL TANGO

Rafael Flores Montenegro

Día tras día, personas de todo el mundo se acercan hasta su tumba para rendirle un homenaje de recuerdos y ofrendas; gesto máximo en la sincera ceremonia de escuchar a Carlos Gardel cantando su tango inacabable.

¿Es un mito Gardel? Se le ha investido de estela mítica y se le ha proyectado hacia un lugar que nos resulta necesario para completar la casa de la vida, tan amueblada hoy de cosas perecederas y luces efímeras. Sin embargo, la fuerza de sus hechos artísticos es tan intensa que a las veneraciones rituales preferimos el placer de oírlo una y otra vez.

Falleció joven y en el cenit de su carrera. No lo vimos decaer; como el héroe, ha quedado triunfante contra dificultades y acechanzas. Generoso en los gestos cotidianos se prodigó cantando no sólo en la búsqueda de una mejor forma, sino regalando más canciones de las que razonablemente pudieran esperarse de una discografía producida con los medios técnicos de aquella época. Creció sobre sí mismo, según lo desea el imaginario colectivo contemporáneo, desde abajo, donde está la mayoría humana. Nos duele que se haya ido a los 44 años, siendo un muchacho moderno hecho en los códigos cambiantes de nuestras ciudades. Está con su voz y su imagen, perpetuado en las anécdotas que lo ponen siempre hacia delante, afrontando su destino con inocultable alegría de vivir. Por ello, muy lejos estaremos de quienes sostienen: “tuvo la suerte de morir quemado”, reiterado por Ernesto Sábato para la televisión española en 1992. Gardel vivió la desgracia horrible de morir en aquella tragedia… que unos cuantos aprovecharon para plantear teorías, entre otras la de su coronación de mito a partir del fuego final. Los documentos a la vista son elocuentes: Carlos Gardel en vida era el Máximo, el cantante Absoluto, el Maestro, el Zorzal entre los cantores criollos, el Rey del Tango

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